Y ahora ya no se trataba de guardarrop铆a cosmog贸nica.
El tiempo apremia porque la bater铆a ha entrado en un proceso de deterioro imposible de reparar. Ese tiempo –no s茅 si el de Lewis Carroll– con su inexorable adi贸s toma las riendas de la vida del protagonista en esta 贸pera prima.
Novela de Andr茅s Choz (1976) Jos茅 Mar铆a Merino.
Andr茅s decide embarcar su existencia menguante en la escritura de aquel relato largo cuya existencia dorm铆a el sue帽o de los olvidados, porque es posible que la justicia poco tenga que ver con los cajones; que de tanta gaveta guardando instantes se nos llena la vida de cajas sin enigmas resueltos. Pues de la brev铆sima narraci贸n con la que se reencuentra Choz «podr铆a deducirse ese optimismo ingenuo de las sinopsis que todav铆a no han sido forzadas a los dolores del crecimiento».
Irse en busca de un refugio en el que intentar la conclusi贸n de la historia recuperada y situada en el universo de la ficci贸n cient铆fica mientras en los mundos humanos se escucha el rumor de otra agon铆a y las dudas sobre la sucesi贸n del reino, son asuntos que a la pobre Benilde la tienen algo preocupada. Pero si hay un tema que destaca en la novela que me ocupa, este tiene que ver con el proceso de la creaci贸n literaria –ah铆 est谩 el Gordo recibiendo la informaci贸n– donde se encuentra con esa impresi贸n de haber salido de los «escollos verbales para entrar de lleno en los rompeolas de nuestra tradici贸n literaria», a帽adiendo su queja ante «esa obligaci贸n cuasi moral de hacerlo todo expl铆cito».
Y como todo llega a su fin –veremos si tambi茅n al final– es posible que el escritor de la ficci贸n se tome un instante para recordar al poeta Lucrecio:
«Ni por m谩s que alarguemos nuestra vida, alg煤n tiempo robamos a la muerte. Sus v铆ctimas seremos sin remedio…», haya conformado una creaci贸n literaria sobre cuyos cimientos se fue levantado una existencia real –o algo parecido–, que analizadas –una y otra– desde la soledad septentrional, con esa lluvia fina que no moja pero… puedan terminar confluyendo superada la visi贸n de la humedad «nocturna sobre las brasas del escaso entusiasmo amoroso…».

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