«No podr铆amos haber tenido civilizaci贸n sin la intoxicaci贸n».
Y en China se pusieron en marcha alrededor del a帽o 7000 a.C. d谩ndole al pimple como si no hubiera un ma帽ana, porque ellos no sab铆an que habr铆a otro d铆a y otro; un milenio seguir铆a a otro y as铆 hasta nuestros d铆as, con tal buena fortuna, que hemos desarrollado unos codos a prueba de raqueta (!). Somos unos tipos la mar de divertidos con un ADN al que le importa un tap贸n lo mal que nos vaya por el repollo (h铆gado para los expertos). La evoluci贸n ha hecho de nosotros un ¡hip! con pausas para otros menesteres.
Borrachos (Deusto, 2022) Edward Slingerland.
En la literatura de ficci贸n se habla mucho de borrachos, tanto, que los g茅neros negro y policial han explotado la figura del detective beodo hasta el l铆mite de generar un hast铆o por esos tipos y su miserable existencia, pero no as铆 por los brebajes que invanden su anatom铆a, porque eso es otra historia que Slingerland desarrolla con pelos y se帽ales a lo largo de un texto, que siendo sincero, ha provocado que me pregunte cu谩l es el sentido de la vida.
«Eche, amigo, m谩s champ谩n
Que todo mi dolor bebiendo quiero ahogar
Y si la ven, amigos, d铆ganle
que ha sido por su amor que mi vida ya se fue».
La respuesta musical corresponde a Los Panchos mientras que a la corteza prefrontal le toca bailar otro ritmo en el que Dionisio y Apolo andan a la gresca por ver qui茅n de ellos se apodera de una vez de nuestros restos, que todav铆a calientes, se debaten entre la autodestrucci贸n y el mayor de los aburrimientos evolutivos. Mientras tanto, una breve nota de c贸mo se lo tomaba F贸rmula V en 1974.
«En la fiesta de Blas. En la fiesta de Blas.
Todo el mundo sal铆a con unas
cuantas copas de m谩s».
En esto de la afici贸n por el trinqui, los humanos se han tomado su tiempo (y sus copas) hasta alcanzar la excelencia pero sin olvidar que al bicho hay que tenerlo embridado, porque de lo contrario se nos puede salir del plato y montar el pollo con esas gafas cerveceras que distorsionan todo lo que ven. Porque cuando el pico se calienta… que lo cuente Palito Ortega.
«Que chabocha la chevecha que che chube a la cabecha
Anda chava chube y chirve otro bacho de chevecha».
Habla el autor de la confianza entre los individuos y c贸mo en la China antigua, la misma se alcanzaba s贸lo cuando quienes participaban en actos de gran relevancia social estaban completamente borrachos. Pero no hace falta ser un sin贸logo de reconocido prestigio para reconocer que en estos tiempos de plandemias, fen贸menos meteorol贸gicos inexistentes y vuelos espaciales que provocan la risa, ponerse fino, sea con vino, cerveza o bebidas destiladas, allana el camino entre personas que no se conoc铆an; de otras que parec铆a que eran conocidas y de aqu茅llas que parec铆an reconocerse hasta en los andares, aunque la iluminaci贸n no fuera la mejor, pero a quienes la vida separ贸 de forma abrupta. Los Coquillos dixit.
«Borracho hasta el amanecer
Sigo el m茅todo Stanislavki de interpretaci贸n
脷nicamente preciso de una botella de ron Artemi
Un enyesque de queso de Gu铆a y, por supuesto, tu ausencia».
Este libro se presta a la reflexi贸n, tiene datos, sorpresas, alguna que otra tonter铆a y mucho, mucho alcohol para el que el mundo anglosaj贸n, donde el puritanismo se pasea con aires de altivez, no est谩 preparado porque nunca ha sabido dar sentido al espacio por antonomasia para el bebetorio, el bar…
«Bares, qu茅 lugares tan gratos para conversar
Jefe, no se queje y sirva otra copita m谩s
No hay como el calor del amor en un bar»
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